¿Por qué el descalabro? (UNO 26.10.20)

Quienes defendimos la democracia y libertad, no por unos días sino por años, nos sentimos derrotados, dolidos y con la gran interrogante que no para de dar vueltas: ¿Por qué el descalabro? ¿Qué pasó? Intentamos buscar una respuesta satisfactoria, pero nada nos convence. ¿Qué pudo haber pasado para que el partido que construyó elefantes blancos, destruyó la institucionalidad, depauperó aún más la salud, creyó que la educación se mejoraba con un poco de cemento, hirió de muerte a la justicia y, lo peor de todo, cometió el error imperdonable de alentar el odio entre bolivianos, volviera a ganar en las urnas y de manera contundente? Ni siquiera la asfixia provocada con bloqueos asesinos pudo cambiar la tendencia, ¿qué pudo haber pasado? La respuesta parece estar en los siguientes puntos.

La ignorancia a la que ha condenado el MAS de manera intencional a una gran parte de nuestra sociedad. No solamente por que nuestro sistema educativo nunca mejoró, sino también porque nuestra economía a pesar de ser estable tan solo fue capaz de generar empleos precarios, la mayoría en el sector informal y con ingresos de subsistencia. Gran parte de la población se tuvo que enfocar en desarrollar habilidades para satisfacer sus necesidades más básicas, sin poder desarrollar otras que le permitiese discernir mejor la abundante y engañosa información que circula por distintos medios y con mayor velocidad por las redes sociales.

Una pandemia que se ensaño con el pésimo gobierno de Añez, sembrando la idea de que con el MAS todo había sido mucho mejor. Lastimosamente, el coronavirus pareció ser una plaga enviada contra el gobierno de transición. Cómo había dicho un personaje nefasto en la historia de Bolivia, el sol se escondió, no por la huida de Evo, sino por una cuarentena que pareció interminable; al mismo tiempo que resplandecía una luz brillante sobre todos los hechos de corrupción y de abuso de poder del gobierno de transición ¡qué vergüenza! Añez, a pesar de haber desistido de su candidatura, ya había infringido un daño irreparable a la democracia, gracias a una transición turbulenta marcada por el descrédito, la desorganización y la arrogancia. Añez ojalá solo hubiese dividido el voto, lo multiplicó en favor del MAS.

Camacho y sus aires de libertador nos terminaron condenando a un regionalismo y un “religionismo” recalcitrantes. Quien se pensó héroe, trituró lo que quedaba de esperanza para enderezar nuestra endeble democracia.

Mesa y su ostracismo, olvidó que las elecciones se ganan entendiendo a la gente, hablando con ella y en su lenguaje, formando una estructura de partido y por sobre todo buscando consensos. Mesa cometió el mismo error que la vez pasada, intentó ser presidente sin partido. Corrió nuevamente el riesgo de ser un presidente sitiado, ¡se salvó!

A una campaña del MAS enfocada en destacar lo poco bueno que hizo y esconder bajo alfombras persas todo lo malo, se sumó el “voto chantaje”. Hubo gente, en particular de clase media, que escuchó una y otra vez una voz que decía “si el MAS no es gobierno, habrá violencia”. El temor se instauró en nosotros. No fue casual que muchas personas vivieran los días previos a las elecciones como si estuviesen al borde del apocalipsis. Con ese fantasma rondando la cabeza y con la memoria fresca de los bloqueos “salvajes”, seguramente se levantaron el día de las elecciones y se dieron un buen sacudón para deshacerse de los malos augurios que los había perseguido por semanas sino meses.

Un acierto del MAS fue su astucia para profundizar las diferencias entre CC y Creemos, y al mismo tiempo, rehuir cualquier tipo de confrontación directa con alguno de ellos. Esta medida le rindió frutos porque le permitió seducir a los indecisos, quienes, por su propia naturaleza, andaban en busca de un oasis de tranquilidad en medio de aguas turbulentas.

Pero… no todas son malas noticias, ningún sacrificio es en vano. Las fuerzas democráticas dieron fin con la dictadura de Morales, quien, como todos sabíamos, buscaba vivir y morir en el poder. El nuevo masismo seguramente buscará distanciarse de Evo y del autoritarismo que caracterizó a su gobierno, al menos ya hay algunas señales en esa dirección. Otra buena noticia, el MAS no tendrá dos tercios, así que estará obligado a consensuar y ojalá mostrar un rostro con mayor vocación democrática, esa sería otra buena señal. La memoria sobre los hechos de octubre del año pasado servirá como un recordatorio permanente de que poses dictatoriales y soberbias en este país no tienen cabida, obligando al nuevo gobierno a ser más mucho más cauto y mesurado. El MAS tendrá que rendir un examen difícil a la hora de enfrentar la crisis económica, con un ingrediente adicional que hará todo aún mucho más complejo, una lucha intestina por el poder entre distintas fuerzas, unas vivas y otras peleando por su supervivencia. Administrar una crisis en ese escenario, y no la abundancia a la que el MAS estuvo acostumbrado, será un verdadero desafío. Si no lo logra, el castillo de naipes que logró construir con mucha habilidad alrededor de una economía “blindada”, se caerá ¡ese será el fin del MAS!

 

 

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